jueves, 23 de febrero de 2017

La Tortuga Roja

CALIFICACIÓN: ****½


FICHA TÉCNICA:
Director: Michael Dudok de Wit. Intérpretes: Sin diálogos. Guión: Michael Dudok de Wit & Pascale Ferran. Música: Laurent Perez del Mar. Nacionalidad: Francia-Japón. Duración: 80 min. Género: Aventuras, Drama.
 
Que una obra animada tuya impresione al mismísimo Hayao Miyazaki no es algo que esté al alcance de muchos animadores actualmente. Eso es lo que ocurrió en el año 2000 cuando Michael Dudok de Wit presentó su corto Father and Daughter, que también obtuvo el reconocimiento de la Academia del Cine Estadounidense concediéndole el Oscar. Entonces el director holandés llamó la atención del maestro nipón y esta relación de respeto y admiración mutuas por fin se ha visto consumada con su primer largometraje, La Tortuga Roja.

Hay que aclarar que Miyazaki no ha tomado parte directamente en la producción de esta película, sino que ha sido el Studio Ghibli el que ha ayudado con la producción, especialmente Toshio Suzuki. Sin embargo la calidad, el mimo y sobre todo la belleza de cada plano de la película parece que la película haya salido directamente de la factoría japonesa. El cuidado que se muestra en el dibujo, especialmente en los planos generales donde se destacan los elementos naturales de la isla desierta donde el protagonista naufraga, podrían extraerse de la propia película y seguirían siendo grandes ejemplos de lo que puede hacer un buen artista con un pincel.



En los primeros momentos la película destaca por estos elementos: por el impacto visual que produce en el espectador, por la sutileza de los movimientos del personaje, por los grandes y detallados, a la vez que expresivos, escenarios donde se desarrolla la acción, y por lo cuidado del sonido. Todos estos ingredientes se mezclan para atrapar desde el primer momento al espectador, para sumergirle en una situación límite que se desarrolla de una manera muy natural y cuya belleza visual contrarresta la falta de interacción de los personajes.

Porque hay que recordar que esta es una películas sin diálogos, sin ni siquiera monólogos del protagonista. Pero no son necesarios. Ya los grandes genios del cine mudo demostraron que no era necesario el uso de líneas de diálogo para que el personaje expresara sus emociones y sobre todo para que el espectador las entendiera. Dudok de Wit conoce perfectamente estas herramientas y las pone en juego de manera magistral. El desarrollo de las emociones y su importancia dentro de cada tiempo de la película son perfectamente implentadas y expresadas, lo que ayuda a entender su manera de actuar.

La película condensa al máximo cada uno de los elementos que pone en pantalla, pero los aprovecha de una manera magnífica para no caer en la monotonía ni la repetición. Hay que tener en cuenta que la película transcurre enteramente en una isla desierta y apenas son un trío de personajes los que protagonizan la historia. Ya se ha comprobado en películas anteriores que se pueden contar historias de náufragos sin hacer que el espectador se duerma, como ya hizo Robert Zemeckis en Cast Away (2000).


Sin embargo Dudok de Wit, aparte del enorme trabajo visual de la película, también la dota de un transfondo simbólico que enriquece muchísimo el conjunto. No se trata sólo de disfrutar de las impactantes imágenes, sino también de cuestionarse acerca de la existencia del ser humano, de los motivos que le mueven a lo largo de su vida, y a los diferentes ciclos por los que pasa. Todo ello se narra y se muestra de manera muy simple, pero cargada de significado, con una enorme carga metafórica que le da aún más valor a la película.

Hablar de temas tan complejos como los sentimientos primarios del ser humano en diferentes momentos de su vida, sin diálogos y además con un estilo muy personal, convierten a La Tortuga Roja en un nuevo ejemplo de cómo la animación puede crear películas únicas. A partir de esto, cada espectador tendrá una manera de interpretarla y entenderla, pero si algo hace grande al cine es que una misma película pueda despertar emociones muy diferentes a distintos receptores.

Carlos Sanz 

lunes, 13 de febrero de 2017

Vikings

CALIFICACIÓN: ****½


FICHA TÉCNICA:
Creador: Michael Hirst. Intérpretes: Travis Fimmel, Clive Standen, Katheryn Winnick, Gabriel Byrne, Jessalyn Gilsig, Gustaf Skarsgård, George Blagden, Tadhg Murphy, Diarmaid Murtagh, David Pearse, Vladimir Kulich, Donal Logue, Alyssa Sutherland, Thorbjørn Harr. Guión: Michael Hirst. Nacionalidad: Irlanda-Canadá. Temporada: 4º. Duración: 20 capítulos. Género: Drama, Bélico.

Es difícil hablar de la cuarta temporada de Vikings sin revelar ningún spoiler. Y es que si por algo se ha caracterizado la serie desde que se estrenó en 2013, es por el frenético ritmo que siguen cada una de sus temporadas. Si a esto le añadimos que la cuarta temporada se ha dividido en dos partes, diez capítulos que vieron la luz entre febrero y abril del año pasado y otros diez entre noviembre y enero de este año ya, podéis imaginaros la de cosas que han pasado en ellos.

Porque desde el principio Vikings destacó por su ritmo aunque muchos la asemejaron con Game of Thrones, aunque no tengan nada que ver en cuanto a estilo, aunque sea completamente histórica, y aunque no esté basada en una saga literaria con una gran legión de fans previa. Sin embargo la principal diferencia que existe entre ambas es que, sin desmerecer en nada a la gran serie de la HBO, en Vikings suceden muchos hechos importantes en casi cada capítulo.


Es interesante comprobar en qué situación se encuentran los personajes y la historia en general al comienzo de una temporada y dónde están al final. Esto ya sucede en temporadas normales, pero en esta última ha ocurrido por partida doble al tratarse de dos temporadas en una (recordemos que las anteriores estaban formadas cada una por diez capítulos, y esta cuenta con veinte en total). En esta vuelve a suceder lo mismo y cada uno de los personajes principales sufren una gran variedad de altibajos en cada capítulo, que les llevan a encontrarse en situaciones inesperadas y muy diferentes de las de su origen.

Lo difícil de mantener este ritmo durante tantas temporadas es conseguir que la historia y los personajes no pierdan su esencia, que no se convierta esa ventaja de la serie en un arma de doble filo y acabe lastrándola. Sin embargo en Vikings los personajes son tremendamente interesantes. El protagonista, Ragnar Lothbrok, catalizador de todas las subtramas que se desarrollan, sirve como un importante punto de conexión entre el resto de caracteres debido a su enorme singularidad. Teniendo en cuenta que una serie, en general, tiene una historia más larga en duración que una película, Ragnar es posiblemente el protagonista de una de ellas que más puede mantener su peculiaridad e interés sin asignarle un objetivo claro. Es decir, que sin un propósito general que condicione sus acciones y consecuentemente las del resto de personajes, consigue que el conjunto no pierda sentido y no pierda su atractivo.


A él se le unen otros grandes personajes que esconden muchas sorpresas que se resuelven durante esta doble temporada, como Rollo y su "exilio" con los francos, Bjorn que debe asumir el liderazgo tras la temporal ausencia de su padre o Lagertha y sus ansias de recuperar lo que es suyo. A ellos, con ya una larga carrera de historias conjuntas y diferentes momentos importantes en la trama general, se les unen los otros cuatro hijos de Ragnar, que en la segunda parte de la temporada tienen un papel capital que posiblemente sirva como introducción para obtener un mayor protagonismo en las próximas temporadas, especialmente Ivar.

De momento parace que esos serán los focos dramáticos principales sobre los que se sustentará la serie en sus próximas temporadas. Sin embargo si por algo nos ha sorprendido Vikings en estos años es en que todo puede pasar dentro de unos límites razonables. Este ritmo del que hablaba en principio, también se convierte en su peor enemigo puesto que mantiene un nivel muy alto en la mayoría de sus capítulos lo que provoca que los que no mantienen ese nivel destaquen más. Igualmente, estos suelen ser muy pocos capítulos dentro del conjunto. Lo que sí tenemos en todos es acción, intrigas entre reinos, gran rigurosidad histórica y también algunas traiciones, además de un gran número de puntos de giro que nos mantienen expectantes de qué será lo siguiente que ocurrirá a estos grandes personajes.

Carlos Sanz

martes, 7 de febrero de 2017

Vuelve Samurai Jack

Si, y esta vez es la definitiva. Porque por fin vuelve Samurai Jack a la pequeña pantalla, después de la restransmisión de su último capítulo en septiembre de 2004. Y porque desde entonces se ha barajado más de una vez su regreso de mano de Cartoon Network, y más concretamente de su división de animación para adultos que es Adult Swim. Pero estas noticias quedaron en nada hasta ahora, cuando se ha anunciado que finalmente tendremos una nueva temporada y que empezará este mismo año, concretamente el 11 de marzo.


Para los que no la conozcan, simplemente decir que se trata de una de las mejores series, y obras en general, de animación que se han hecho nunca. Cualquier aficionado a este tipo de herramienta audiovisual debe conocerla y disfrutarla, porque existen pocas obras realizadas con tanto mimo y tanta personalidad como Samurai Jack. Su creador es Genndy Tartakovsky, responsable de otras series animadas como Dexter's Laboratory o The Powerpuff Girls y de películas como Hotel Transylvania.

En cuanto a Samurai Jack, trata la historia de Aku, el señor de las tinieblas, y cómo siembra el mal por el oriente medieval. Sin embargo surge un héroe dispuesto a combatir con él, que forja una espada lo suficientemente poderosa como para derrotarle. Aku, al verse seriamente amenazado, envía a nuestro héroe al futuro, donde su poder e influencia es mucho mayor.

Lo que hace grande a esta serie es lo arriesgado de su propuesta. Sin apenas diálogos es capaz de narrar una historia muy compleja, con personajes realmente interesantes, y basándose en una batalla entre el bien y el mal de la que se pueden extraer muchas lecturas. Además visualmente tiene un estilo muy característico, que ha influído en muchas obras animadas posteriores, y que marcó muchas pautas para que animadores e ilustradores tomaran como referencia. Sin duda una grandísima noticia el regreso de esta serie. Sólo esperemos que todos estos años no hayan pasado factura a sus creadores y la calidad se mantenga. De momento el primer avance nos deja con ganas de más.


 

viernes, 3 de febrero de 2017

Museum

CALIFICACIÓN: ***


Guión: Ryousuke Tomoe. Dibujo: Ryousuke Tomoe. Número de tomos: 3 tomos. Año de publicación: 2016. Género: Seinen.

Es curioso comprobar cómo cada vez más las líneas que delimitan los diferentes campos culturales se van difuminando. Desde el cine a las series de televisión, desde las novelas gráficas hasta los videojuegos, todas ellas contaban con herramientas y características que las individualizaban, que las hacían distinguirse de las demás. Sin embargo poco a poco estas características se van mezclando, o algunos autores las adoptan para sus propias obras y generan un estilo diferente, aunque tampoco sorprendente u original. En algunos casos son obras con personalidad propia, como ocurrió con Scott Pilgrim vs. The World (2010), pero no siempre tenemos esa suerte.

Esto es lo que ocurre con el manga que os traigo hoy, Museum, de Ryousuke Tomoe. Se trata de un autor bastante desconocido para el gran público ya que cuenta con muy pocas obras publicadas, sobre todo en occidente. De hecho esta es su primera obra serializada hasta la fecha, que fue publicada en la revista Weekly Young Magazine entre 2013 y 2014, y con apenas un par de historias cortas más que afortunadamente también se pueden disfrutar en la edición española en tres tomos.


Tomoe demuestra en este manga que es muy deudor del estilo cinematográfico. Primero por el tema que utiliza para su historia: se trata de un asesino en serie con un estilo muy particular, que va dejando un reguero de víctimas a cada cual más rocambolesca pero con un sentido en su conjunto. Es inevitable al leer esta breve sinopsis, y se hace más evidente cuando se lee el manga, la referencia general que existe en torno a la película de David Fincher Seven. Tiene también un gran juego de suspense y de morbosidad visual en los asesinatos, pero le falta ese aire propio, esa particularidad e identidad como obra independiente que consiguió Fincher con su película. 

La comparación es inevitable, ya que Tomoe nos recuerda muchas de las características de la película durante la historia: desde el detective que investiga el caso hasta el asesino y su peculiar forma de ejecutar unos crímenes cargados de simbología. Sin embargo, aunque tiene una gran influencia de películas policíacas de asesinos en serie, la idea se queda más en la superficie de lo que debería, sin crear una atmósfera y un conjunto propio que oculte un gran mensaje y una personalidad interesante en su interior.


Lo que sí hay que destacar de ella, y que probablemente lastre esta idea del poco trabajo que hay en el transfondo de la obra, es la calidad del dibujo que muestra Tomoe. Comparado con obras anteriores se nota una gran evolución en este respecto, y no sólo en los personajes sino en el detallismo que muestra en los escenarios y en los claroscuros de las viñetas. En sus anteriores mangas, las figuras son más planas, especialmente los rostros, sin un especial interés en destacar los rasgos de los personajes ni de sus expresiones. Pero en Museum sí que se nota esa evolución y ese interés en este aspecto que consigue una mayor expresividad de esa atmósfera asfixiante con el criminal y sus asesinatos.

Además de esto, se trata de una obra relativamente corta, que podría haberse condensado en dos úncios tomos si no se hubieran agregado las dos obras cortas en esta edición, por lo que tiene una medida muy correcta para la complejidad de la historia sin que sobre ni falte nada. Además el ritmo de la narración se sucede sin descanso, con puntos determinantes en la estructura que nos mantienen muy intrigados sobre lo que sucederá después. En resumen, una obra que sin grandes alardes, pero sobre todo muy ayudada por otras anteriores del mismo estilo, consigue mantenernos en vilo y absortos hasta el final, por lo que tampoco se la puede pedir más. Habrá que estar muy atentos a qué será lo siguiente que nos regale Tomoe.

Carlos Sanz

miércoles, 1 de febrero de 2017

Arrival

CALIFICACIÓN: *****


FICHA TÉCNICA:
Director: Denis Villeneuve. Intérpretes: Amy Adams, Jeremy Renner, Forest Whitaker, Michael Stuhlbarg, Mark O'Brien, Tzi Ma, Nathaly Thibault, Pat Kiely, Joe Cobden, Julian Casey, Larry Day. Guión: Eric Heisserer. Fotografía: Bradford Young. Nacionalidad: Estados Unidos. Duración: 116 min. Género: Ciencia Ficción, Drama.

El contacto entre seres humanos y extraterrestres ha sido y seguirá siendo uno de los principales temas utilizados en el cine de ciencia ficción. Se ha enfocado desde numerosos puntos de vista, la mayoría de ellos casi apocalípticos como en The Day the Earth Stood Still (1951) o en The War of the Worlds (1953), con sus respectivos remakes. Aunque también están las versiones más light o cómicas como es el caso del clásico E.T. the Extra-Terrestrial (1982). 

Afortunadamente en estos últimos años, y todo hay que reconocerlo gracias a las adaptaciones literarias, están apareciendo una serie de películas que explotan el que posiblemente sea el género con más futuro del cine, y no sólo tratando temas de contacto con extraterrestres. Así tenemos obras como
Edge of Tomorrow basada en el manga de Hiroshi Sakurazaka o la gran Predestination basada en el relato de Robert A. Heinlei. Sin embargo el subgénero de los aliens todavía tenía mucho que decir y ahí estaba Ted Chiang con su relato para contárnoslo y Denis Villeneuve para llevarlo de manera magistral a la gran pantalla.


Porque aunque la película trate de la llegada propiamente dicha de una civilización extraterrestre a la Tierra, en verdad de lo que habla es de la comunicación, de la transmisión de información entre dos seres vivos con diferentes culturas y lenguas. Esta sería la base de cualquier película de este tipo: cómo los seres humanos tan teóricamente retrasados en cuanto a inteligencia y tecnología pueden comunicarse con esos seres, una idea que en muchas películas de este tipo se pasa por alto. Otras ya trataron este tema en algún punto de su metraje, como Spielberg en su Close Encounters of the Third Kind (1977), pero en Arrival se hace de una manera mucho más científica y podríamos decir que incluso realista.

Esto es algo que busca (y consigue) Villeneuve desde el primer momento: generar una situación hipotética y ficticia de la manera más realista posible, de forma que podamos imaginar que se puede dar realmente y que todo lo que sucede es algo factible. Tanto la presentación de los personajes como el desarrollo de los acontecimientos se realiza de manera muy elegante, sin alardes, sin exagerar esa información, pero a la vez absorbiéndonos desde el primer momento. Es un estilo que ha desarrollado el director desde hace años y que aquí alcanza su punto culmen.


Esta es una de las cosas con las que siempre juega en contra la ciencia ficción con respecto a otros géneros: su planteamiento suele estar tan alejado de la realidad que es más difícil captar la atención del espectador y hacerle más verosímil lo que ve en pantalla. Por eso si el director consigue desde el primer momento romper esa barrera temática para así poder desarrollar la narración sin que nos choque lo que vemos más allá de lo sorprendente de la historia.

Y para ello el guión realiza un gran trabajo de personajes. El breve prólogo de presentación podría estar sacado de cualquier otro drama cinematográfico sobre una madre perdiendo a su hija por una grave enfermedad. No hay una introducción como suele existir en este tipo de películas donde desde el primer momento queda claro que estamos viendo una obra de ciencia ficción. Aquí lo primero que interesa son los personajes y sus motivaciones, y eso es lo que pone Villeneuve por delante.


Y así será durante el resto del metraje, porque aunque Amy Adams acapara el protagonismo absoluto, también hay un gran trabajo de los secundarios, de sus condicionantes en la historia y de sus diferentes objetivos. Está subtrama introspectiva sobre los sentimientos de la protagonista está muy presente durante todo el metraje, recordándola en momentos clave pero sin dejar a un lado la parte científica. Este también es otro de los grandes logros de la película: como consigue un perfecto equilibrio entre los momentos más introspectivos de los personajes con la pura ciencia ficción y las escenas donde los extraterrestres cobran más protagonismo.

Por otra parte, la película esconde unas cuantas sorpresas en su metraje que siempre son de agradecer. Aunque son de este tipo de giros de guión que nos condicionan un segundo visionado, pero muy disfrutables y sorprendentes en el momento que suceden. Todo ello nos deja una obra más que redonda de ciencia ficción, de las mejores que se han hecho en los últimos años por lo original del planteamiento y lo cuidado de su ejecución. Es curioso pensar cómo hay tantos detalles que podrían haber salido mal y haber arruinado el conjunto y cómo Denis Villeneuve ha salvado todos ellos para sumar otra grandísima obra a su filmografía.


Carlos Sanz